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En el bosque todos dormían, pero Uli, el búho más pequeño, tenía los ojos bien abiertos.
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De pronto, una lucecita cruzó el cielo y cayó entre los árboles. ¡Plof!

Era una estrellita perdida, temblando entre los helechos. «No encuentro el camino a casa», susurró.

«Yo te llevo», dijo Uli. Y abrió sus alas suaves hacia la noche.

Cruzaron el arroyo saltando de hoja en hoja, mientras las ranas roncaban bajito.

En el claro, mil luciérnagas les prestaron su brillo para alumbrar el camino.

Un erizo dormilón les señaló el árbol más alto: «Arriba del todo se toca el cielo».

Llegó una niebla espesa y Uli se asustó… pero la estrellita brilló fuerte y ya no hubo miedo.

Subieron y subieron por el árbol más alto, hasta ver el bosque entero allá abajo.

En la copa los esperaba Lua, la luna, que estiró un rayito como un puente de plata.

La estrellita trepó por el rayo y volvió a su sitio en el cielo. Y guiñó: «¡Gracias, Uli!».

Uli voló a casa contento. El bosque dormía, el cielo brillaba… y por fin, él también bostezó. «Buenas noches».
Fin 🌙
Hasta la aventura más grande termina mejor entre amigos y bajo las estrellas.